Colección de Mari Carmen Ibernón Díaz.

Yo entré en el ambulatorio muy jovencita, con 18 años. Estábamos en la calle Almirante Argandoña, frente a la farmacia donde estaban Lola y Pepi. Me he llevado trabajando 33 años y te puedo contar que éramos una familia. Dábamos muy buen servicio al barrio porque no era tan grande como ahora, podías coger cita de un día para otro. Allí había mucha humanidad y mucho cariño. Muy buen personal. Todavía, a día de hoy, cuando voy a los mandados las personas mayores me paran porque se acuerdan de mí de aquellos tiempos. En la foto estoy vestida con el uniforme, yo la fecha en que me la hice no me acuerdo, la verdad.