Colección de María Pilar Britos Valcárcel.
El ambiente de nuestra peluquería era divino, yo lo echo muchísimo de menos. La verdad es que hemos tenido una clientela súper buena. Nuestra peluquería empezó en una habitación pequeña de nuestra propia casa. Ahí pusimos un tocador, dos puestos y unos secadores. Luego, con el tiempo, poquito a poco la fuimos ampliando. Hasta que ya me mudé a un local enfrente la iglesia donde hemos estado muchos años peinando a las mujeres del barrio. Las peluquerías son como confesionarios abiertos. Allí se desahogan las mujeres si tienen quienes la escuchen, y mi madre era buena en eso porque tenía un carácter muy abierto.




