Colección de Ángeles García Aguilar.

Yo tenía mi propia bicicleta, que no era una cosa muy normal en esa época. La bici me daba mucha libertad pero las madres tampoco te dejaban ir a cualquier sitio tú sola. Lo más lejos que fui fue a Dos Hermanas, a llevarle un recado a una monja, que todavía no sé cómo me dejó mi madre ir. La verdad es que se podía ir sin peligro por todos lados porque estaba todo tranquilo, pasaba un coche cada tanto. No como ahora, que parece que hay más coches que personas. Los hombres sí que se movían todos en bicicleta a diario porque la usaban para ir al trabajo. Las niñas nada más que íbamos de paseo por la carretera pero, aún así, lo disfrutábamos mucho.